ARQUITECTURA ALPUJARREÑA:
EL TERRAO

    Uno de los elementos que le confieren esa especial singularidad a la arquitectura alpujarreña son los 'Terraos' (terrados, en "fino"): se trata de un tejado o cubierta plana, de un característico color gris azulado resultante de la impermeabilización mediante una arcilla o tierra especial denominada láuna, sobre los que sobresalen unas chimeneas típicas, de forma troncocónica de 0,75 a 1,50 m. de altura, las cuales se rematan con una especie de sombrerete realizado con una lasca de pizarra sobre la que descansa un castigadero. No obstante, en la actualidad el término 'terrao' se ha extendido y con frecuencia se aplica a cualquier cubierta plana de un edificio.

    Los terraos típicos son normalmente accesibles (practicables) desde la calle, llegando incluso (en los pueblos situados en pendientes muy pronunciadas) a estar al mismo nivel de esta, o bien desde la propia casa a través de una pequeña lumbrera o lucernario (con forma de castillete abierto por una de sus caras). Siendo utilizados a modo de terraza (aunque desprovista de barandas o muros de protección) como punto de reunión para los vecinos y como secadero de diferentes productos agrícolas: higos, tomates, uvas, etc.

Esquema/Sección transversal del terrao     La forma más usual de construcción es: sobre un forjado de troncos de madera rectos (llamados vigas o cargaderos) y confeccionado a partir de los árboles disponibles en el lugar: fresno, castaño, almez, álamo, etc., se dispone un cañizo (entramado de caña tejida con esparto) o zarzo como base del terrao. A pesar de su duración (superior por término medio a los treinta años) en contacto con la humedad de la láuna tienden a pudrirse, razón por lo que para protegerlo de esta se solía colocar una capa vegetal (predominantemente de: adelfa, retama, la propia monda de las cañas, etc.) y tierra que reciben el nombre de: chasca y / o malhecho; tras la aparición del plástico en láminas, esta capa ha sido sustituido por este material mucho más aislante y duradero, entre capas de arena fina (para evitar su rotura al ser pisado). No obstante conviene destacar el siguiente comentario de J.A. López (pg. 74) al respecto:

Una práctica errónea que se ha extendido bastante, es la colocación de una lámina de polietileno (plástico) debajo de la capa de láuna, para evitar las goteras. Con este sistema se frena la ventilación natural que las alfanjías necesitan y terminan pudriéndose. El plástico conlleva además un segundo inconveniente como es la imposibilidad de pisar encima si no es perforándolo, por los que se acaba con la costumbre de los vecinos de sentarse den las azoteas durante las puestas de sol.

Foto de un terrao semiderruido sobre base de lascas
'Terrao' (semiderruido) con lascas de pizarra

    En las zonas de alta montaña y lugares donde abunda la pizarra es corriente sustituir el cañizo por lascas de este material, colocadas directamente sobre la madera (foto anterior) y que, aunque para muchos constructores resultan excesivamente pesadas, tienen la gran ventaja de su inalterabilidad. En otros lugares, para facilitar la distribución de las lascas sobre los troncos, se disponen en cruz un entramado de ramas de menor grosor, denominadas alfanjías o alfarjías.
Vista interior de un terrao sobre cañizo
    Los 'terraos' se compartimentan o limitan con un murete o realzado, siguiendo los muros de carga de la vivienda, llamado 'castigadero', y que en las paredes exteriores sirve para sostener un pequeño alero de unos 10 - 20 cm., construido a base de lozas - lascas de pizarra denominadas 'beril'; los desagües, aunque podían bajar el agua por la pared utilizando canales realizadas con troncos de pita huecos, lo más usual es que se apartara mediante piedras planas o gárgolas de diversos materiales: madera (como la pita), zinc, cerámica o piedra.

    Los 'terraos' deben tener una pendiente que oscila entre el 2% y el 5% (excepcionalmente superior), la cual pude proceder tanto por la inclinación que se le den a los maderos sobre los que monta, como por una mayor acumulación de láuna en el mismo.
Una inclinación inferior a las indicadas provocaría el encharcamiento del 'terrao' mientras que una superior facilitaría el arrastre de la tierra y descarnaría la láuna. En cualquier caso resulta necesario "recargar" o "recebar" los terrados periódica­mente, cada 1-2 años hasta incluso 5 o más, según las lluvias caídas, lo que lleva a que se lleguen a acumular grosores que, de los 5 a 10 cm. iniciales, llegan a superan el medio metro de espesor, tras recargas sucesivas de láuna.

    Según algunas creencias o costumbres populares la realización del 'terrao' y sus periódicas recargas se deben efectuar coincidiendo con la luna menguante de agosto, para que así no se produzcan grietas ni goteras en el mismo. Con independencia de estas "creencias", se suelen "sembrar" con sal (echar sal) para evitar que crezcan las hierbas, las cuales propician el resquebrajamiento de la láuna.

    Por dentro, para proteger el cañizo y darle un aspecto más decorativo, el techo se blanqueaba o excepcionalmente se le aplicaba una capa de yeso (revocaba) en cuyo caso se denominaba entabacado.

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Documentación y dibujos extraídos del libro:
- Guía rápida, fácil y entretenida para comprender la arquitectura popular de la Alpujarra.

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