LA ARQUITECTURA ALPUJARREÑA

    Sin lugar a dudas uno de los motivos por los que la Alpujarra cautiva a todo aquel que se acerca a conocerla, es la belleza de sus paisajes y la singularidad de sus moradas y construcciones, caracterizadas principalmente por sus característicos tejados planos: "Los Terrao", que transportan al visitante en el tiempo haciéndole rememorar épocas medievales y recónditos paisajes bereberes del Atlas norteafricano; sobre todo, antes de verse arrastrada por el desenfreno urbanístico que irremisiblemente la invade.

Antecedentes

    Antes de entrar en una descripción más pormenorizada y como paso previo para entender la arquitectura alpujarreña, hay que tener presente una serie de circunstancias históricas y aspectos socioeconómicos que en gran medida la han condicionado e influenciado, confiriéndole su singular fisonomía. Entre estos factores cabría destacar:

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Morfología

Esquema de distribución de las casas sobre las laderas     En líneas generales los pueblos de la Alpujarra se caracterizan por su distribución, a modo de cascada, sobre las laderas montañosas de Sierra Nevada y de la Contraviesa, acomodándose a la escarpada orografía del terreno y orientados preferentemente hacia el Sur o hacia el Este, de forma que aprovechan al máximo la luz solar.

    Su ubicación está predeterminada en gran mediada por la disponibilidad o facilidad de acceso al agua, elemento indispensable para la agricultura, base de la economía de sus pobladores, y procurando evitar, en la medida de lo posible, restar superficie a las escasas y valiosas tierras de labor.

    Mayoritariamente los pueblos se forman por la aglomeración de casas, usualmente carentes de patio o jardín, pegadas unas con otras y dispuestas de forma más o menos linear siguiendo las curvas de nivel del terreno, aunque amoldándose a sus irregularidades, pero sin llegar a tener un esquema de construcción claro ni predefinido.

    Las calles son estrechas (apenas dejan el paso de las bestias de carga), empedradas (aunque recientemente está siendo sustituidas por hormigón) y zigzagueantes (para poder salvar con más facilidad los fuertes desniveles del terreno), con una distribución anárquica e irregular en las que son frecuentes los 'tinaos' o cobertizos (como el de la siguiente foto), que a modo de pórticos enlazan unas edificaciones con otras, así como la aparición de adarves, trojes y todo tipo de recovecos que confunden y embelesan al visitante.

Vista de un tinao de Tímar     Las casas, de una o dos plantas de altura (excepcionalmente tres), están construidas con muros de argamasa y / o piedras en bruto (que reciben el nombre de mampuestos) en función de la disponibilidad de estos elementos; creciendo en volumen mediante el ensamblaje de elementos geométricos de estructura más o menos cúbica, los cuales se cierran mediante techos planos que reciben la denominación de 'terraos' (a los que les dedicamos seguidamente todo un apartado) recubiertos de una tierra impermeabilizante llamada láuna, muy abundante en toda la comarca y que ya era utilizada en la Edad del Cobre-Bronce, en el asentamiento de los Millares.

    No obstante, pese a la pobreza del mortero y demás elementos estructurales, los materiales utilizados les confieren a las viviendas una gran plasticidad y flexibilidad (que les permite absorber las posibles deformaciones y movimientos del terreno), a la vez que les dan una gran inercia térmica, haciéndolas templadas en invierno y frescas en verano.

    Exteriormente las fachadas están mayoritariamente encaladas con cal y disponen de un zócalo o banda, de aproximadamente de un metro de altura, de color gris (al ser pintado con láuna o, más recientemente, cemento líquido), para evitar que la blancura de sus paredes se manche o estropee, al frotarse los animales contra ellas. Usualmente las construcciones en la alta montaña son de piedra vista, llegando los muros incluso a carecer de argamasa en las edificaciones más pobres o en las destinadas a los animales.

Muro de piedras y argamasa     Normalmente las casas más importantes del pueblo junto con la iglesia, el ayuntamiento y las escuelas, suelen ser las más altas, llegando a tener tres plantas de altura y tejado a doble vertiente con cubierta de tejas.

    Los muros y paredes maestras de las casas (que son compartidas entre viviendas colindantes) tienen un gran espesor superando los 50-60 cm. de anchura, lo que les permite a sus ocupantes la construcción de basares, alacenas (con puertas), repisas, etc. en cualquier sitio que se considerase oportuno. Por contra, los tabiques internos se realizaban de cañizo recubierto de yeso o, más recientemente, con ladrillos ligeros. Por regla general no suelen existir puertas entre las distintas dependencias, separándose estas simplemente mediante cortinas hechas de jarapa. Mayoritariamente las ventanas son pequeñas, distribuidas de manera irregular, siendo mucho menos frecuente los balcones, que de existir suelen carecer de voladizo.


Distribución

    La configuración interior de las viviendas puede ser muy variable, aunque por lo general una distribución típica respondería al siguiente diseño: Ventana de piedra


    Por su disposición en ladera y cuando su ubicación lo permite, en las plantas superiores de las viviendas suele existir una segunda puerta que comunica con el exterior y que se utiliza para permitir el acceso a la casa, desde alguna calle que se encuentre a ese nivel, y facilitar las labores agrícolas que se desarrollaban en la cámara.

Horno de pan     Interiormente todas las paredes de la vivienda se blanquean con cal (incluidas las cuadras, principalmente por motivos de higiene) y ocasionalmente se colorean de azul (con añil). De forma análoga los techos también se blanquean (para preservar su estructura de cañizo y madera) o bien se coloreaban de un color oscuro, normalmente ocre (empleando para ello escorias de las fábricas de mercurio, en Tímar y sus alrededores, y mezclas de sales férricas con cal en otras partes de la Alpujarra), para así enmascarar el hollín producido por chimeneas, quinqués y las lámparas de aceite (empleadas para alumbrarse).

    Por sus especiales características térmicas y elásticas, este tipo de arcillas también eran empleadas para el recubrimiento externo de los hornos de pan (como el de la foto adjunta; que afortunadamente ha sido conservado y restaurado por nuestros amigos Ismael y Mercedes -para localizarlos puede utilizar el plano del pueblo-) los cuales realizaban simultáneamente las funciones tanto de horno como de chimenea de la vivienda, tal como se puede observar en el siguiente esquema de construcción de los mismos:


Esquemas de un horno de pan
Sección y frontal de un horno de pan

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Información y dibujos extraídos de los libros:

- Guía rápida, fácil y entretenida para comprender la arquitectura popular de la Alpujarra.
- El Patrimonio Histórico de La Alpujarra Granadina

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